El Protocolo de Hebrón, 1997.
En enero de 1997, Israel y la Autoridad Palestina firmaron el Protocolo de Hebrón, relativo al redespliegue de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en Hebrón. El Protocolo establecía también un calendario para el redespliegue de las FDI en la Ribera Occidental y la reanudación de las negociaciones sobre el estatuto permanente.
Los dos años siguientes vieron muy escasos progresos en el proceso de paz. La Asamblea General volvió a convocar su décimo período extraordinario de sesiones de emergencia el 17 de marzo de 1998 para deliberar sobre las “medidas ilegales israelíes en la Jerusalén oriental ocupada y el resto del territorio palestino ocupado”. El período de sesiones se había convocado inicialmente en abril de 1997, y se reunió dos veces. La Asamblea manifestó su preocupación por las violaciones persistentes, de que era responsable Israel, de las disposiciones del Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra y reiteró su llamamiento para que las Altas Partes Contratantes en el Convenio convocaran una conferencia sobre medidas para aplicar el Convenio en el territorio palestino ocupado.
La Conferencia del Cuarto Convenio de Ginebra, 1999.
La Asamblea General siguió instando a que se estudiaran medidas aplicables a la protección internacional de los civiles palestinos. La Conferencia, para la que la Asamblea había fijado un plazo no posterior a febrero de 1998, no se convocó. A raíz de una propuesta de Suiza de que se iniciara un diálogo sobre la aplicación del Convenio, se convocó una sesión privada entre Israel y la OLP en Ginebra, en junio de 1998. En octubre de 1998 se celebró una reunión de expertos de las Altas Partes Contratantes en el Convenio. A pesar de todas estas consultas no fue posible alcanzar un consenso sobre la celebración de la conferencia.
El Memorando de Wye River, 1998.
A fines de 1998 pareció reanimarse el proceso de paz. Después de ocho días de conversaciones en Wye River, Maryland, EE.UU., Israel y la Organización de Liberación de Palestina firmaron el Memorando de Wye River en Washington, D.C., el 23 de octubre de 1998. El acuerdo, firmado por el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el Presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, en presencia del Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, y del Rey Hussein de Jordania, establecía los elementos siguientes:
Israel retiraría sus tropas del 13% de los territorios de la Ribera Occidental, y el 14,2% del territorio de la Ribera Occidental pasaría de la administración conjunta israelí palestina (zona B) a la administración palestina (zona A).
La Autoridad Palestina tomaría medidas para combatir el terrorismo. El Secretario General describió el Memorando de Wye River como un paso prometedor. En una resolución aprobada el 2 de diciembre de 1998, la Asamblea General también expresó su apoyo pleno al proceso de paz y expresó la esperanza de que el Memorando de Wye River se aplicara plenamente. El acuerdo se complementó posteriormente en 1999 con la firma de un Acuerdo Provisional por el que se produjo un nuevo redespliegue de las tropas israelíes de la Ribera Occidental y de otros acuerdos sobre prisioneros, la apertura de un paso franco entre la Ribera Occidental y Gaza y la reanudación de negociaciones acerca de un estatuto permanente.
El 30 de noviembre de 1998, representantes de unos 50 países, en una reunión en Washington, D.C., se comprometieron a aportar más de tres mil millones de dólares para construir infraestructuras e intensificar el desarrollo económico en las zonas bajo jurisdicción de la Autoridad Palestina. Al tomar posesión, en mayo de 1999, un nuevo Gobierno israelí, encabezado por Ehud Barak, se renovaron las esperanzas de que prosiguieran las negociaciones. El 4 de septiembre de 1999, Israel y la Autoridad Palestina firmaron el Memorando de Sharm el-Sheik sobre los plazos de ejecución de los compromisos suscritos pendientes y sobre las negociaciones relativas al estatuto permanente.
Las conversaciones de Camp David, 2000.
En julio de 2000, el Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, invitó a los dirigentes de Israel y de la Autoridad Palestina a mantener conversaciones de paz en Camp David, Maryland. La cumbre acabó sin que se adoptaran decisiones y sin que las partes pudieran alcanzar un acuerdo definitivo respecto a las cuestiones pendientes.
Bloqueadas las conversaciones de paz, la situación sobre el terreno empeoró rápidamente. La intifada de Al-Aqsa, 2000-2001 A fines de septiembre de 2000 se inició una nueva oleada de protestas y violencia en el territorio palestino ocupado a raíz de que el dirigente de la oposición israelí Ariel Sharon visitara Harm el-Shariff en Jerusalén el 28 de septiembre. Según se informó, al menos 50 personas murieron y unas 1.500 sufrieron heridas, la mayoría palestinas, como resultado de cinco días de choques continuados entre israelíes y palestinos.
Alarmado por la dramática intensificación del conflicto, el Consejo de Seguridad, por su resolución 1322 (2000), condenó la última oleada de violencia en el Oriente Medio y el uso excesivo de la fuerza contra los palestinos. Asimismo exhortó a Israel al cumplimiento escrupuloso del Cuarto Convenio de Ginebra e instó a la reanudación inmediata de las conversaciones de paz.
El Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino, que se reunió en octubre para analizar la situación, reiteró su actitud de que las Naciones Unidas continuasen ejerciendo su responsabilidad permanente con relación a todos los aspectos de la cuestión de Palestina hasta que tuvieran plena vigencia los derechos inalienables del pueblo palestino. El Secretario General visitó la región en octubre de 2000 a fin de indagar los medios urgentes para poner fin al ciclo de violencia y reavivar el proceso de paz, reuniéndose con dirigentes de Israel y de la Autoridad Palestina. La cumbre acabó en un entendimiento en tres aspectos esenciales: seguridad, cooperación y otras medidas para poner fin a la confrontación, una comisión de verificación de los acontecimientos para que investigara los trágicos acontecimientos entonces recientes y cómo evitar su reproducción y conseguir la renovación del proceso de paz.
En su informe de noviembre de 2000 sobre la situación en el Oriente Medio, el Secretario General Kofi Annan observó que habían muerto más de 230 personas y que muchas otras habían sufrido heridas.
En una resolución aprobada el 1° de diciembre de 2000, la Asamblea General expresó su pleno apoyo al proceso de paz. Expresó la esperanza de que ese proceso condujera al establecimiento de una paz general, justa y duradera en el Oriente Medio.
Las partes volvieron a reunirse en Taba, Egipto, en enero de 2001. Aunque se informó de que se habían producido avances considerables, las partes fueron incapaces de llegar a un acuerdo antes del fin de las negociaciones debido a las inminentes elecciones a Primer Ministro y al Parlamento en Israel. En febrero de 2001 tomó posesión en Israel un nuevo Gobierno, presidido por Ariel Sharon, que se declaró dispuesto a proseguir las negociaciones pero sin considerarse vinculado por los acuerdos previos entre Israel y la Autoridad Palestina. La violencia no cesó en el territorio palestino ocupado. Al dirigirse al Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino en marzo de 2001, el Secretario General Kofi Annan describió la crisis como “una tragedia humana y una fuente de preocupación grave para el futuro”.
Las partes, en su opinión se enfrentaban a varias crisis al mismo tiempo:
Primera, una crisis de seguridad, con un rosario de violencia, destrucción y muerte; Segunda, una crisis económica y social, con un desempleo y pobreza crecientes, cierres de fronteras, restricciones y medidas que privaban a la Autoridad Palestina de los recursos financieros necesarios; y Tercera, una crisis de confianza, con miedo, desesperación e ira crecientes en la calle y un desplome de la confianza en el proceso de paz.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió en marzo de 2001 para estudiar las propuestas de autorizar la presencia en el territorio palestino ocupado de observadores de las Naciones Unidas que prestaran protección a los civiles palestinos.
En los meses siguientes prosiguió la violencia con una cantidad sin precedentes de muertos y heridos en ambas partes. En un signo esperanzador, la comisión de determinación de los hechos de Sharm el-Sheik publicó un informe de determinación de los hechos el 21 de mayo. El informe, entre otras cosas, pedía:
Inmediata cesación del fuego, Congelación de la construcción de asentamientos judíos, Denuncia del terrorismo y Reanudación de las conversaciones de paz.
El Secretario General Kofi Annan celebró la aparición del informe Mitchell y ese mismo día dijo que el informe permitiría a las partes dar pasos en pro de la cesación del fuego y de la adopción de medidas que restaurasen la confianza y que les permitieran posteriormente retornar a la mesa de negociaciones. El Secretario General expresó la esperanza de que “no se desaproveche la oportunidad y que las partes se sirvan de ella para retroceder desde el borde del precipicio en que se encuentran y tratar de poner fin a la violencia en la región”. En una declaración formulada después de un informe del Secretario General en sesión privada, el 22 de mayo de 2001, el Presidente del Consejo dijo que los miembros de éste acogían con agrado la publicación del informe de la Comisión Mitchell y las reacciones positivas que había suscitado en las partes. Los miembros del Consejo hicieron un llamamiento a las partes para que estudiaran con ahínco las recomendaciones de la Comisión y para que empezaran de inmediato a adoptar las medidas necesarias para cumplir dichas recomendaciones, incluidas las medidas de fomento de la confianza.
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