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miércoles, 10 de noviembre de 2010

La población palestina con ciudadanía Israelí sufre una continua discriminación.


A Israel le molestan los palestinos de los territorios ocupados y los de nacionalidad israelí por haberse quedado allí en 1948 cuando los británicos abandonaron el territorio.
Los palestinos huyeron de Israel, refugiándose en Cisjordania, Gaza o en los países árabes limítrofes. Pero unos 150.000 se quedaron en sus tierras. Recibieron carné de identidad israelí y unos derechos que se pretendían mostrar como iguales al resto de ciudadanos israelíes. Hoy en día se han convertido en 1.300.000 árabes, con sus descendientes ya nacidos dentro del nuevo estado creado. Hay dos grupos dentro de estos: los Drusos y los Beduinos.
Se autodenominan palestinos israelíes o árabes israelíes. Profesan en su mayor parte la religión musulmana.
Estos ciudadanos sufren diversas formas de discriminación y la negación de sus derechos individuales  debido a su origen.
Las leyes que se aplican a ambas comunidades, árabe y judía, pueden ser selectiva y predominantemente aplicadas a los árabes, tales como las leyes de confiscación o de demolición de casas.
Los palestinos que abandonaron sus hogares en la Nakba pero se quedaron a vivir en Israel, se les impidió regresar a sus casas y vieron aplicadas sobre sus tierras la Ley de los Presentes – Ausentes, de 1950, que pasaba la propiedad de éstas, en su mayor parte al estado y de éste a los judíos.
Otra discriminación legislativa fue la Ley de Ciudadanía y de Entrada en Israel. Ley que tenía carácter temporal pero que lleva prorrogándose desde 2003. Dicha ley impide a los palestinos casados con ciudadanos israelíes residir con su pareja en Israel y obtener la nacionalidad israelí.
Otro tipo de discriminación es la institucional que se contempla en la no llamada a realizar el servicio militar a estos ciudadanos. Muchos beneficios gubernamentales en Israel se encuentran supeditados al cumplimiento del servicio militar, tales como hipotecas ventajosas, exenciones fiscales y trato de favor para conseguir empleo o vivienda.
Otra discriminación se produce por razón del lugar de residencia. El gobierno divide el país en zonas y adjudica diferentes estatus a distintas ciudades. Estas zonas se determinan por criterios socioeconómicos. Aunque existen un número mucho mayor de localidades judías, las localidades arabo-palestinas reciben unos recursos sustancialmente menores para los gobiernos locales.
El idioma es otra fuente de discriminación, aunque el árabe es una de las lenguas oficiales, tiene menos prestigio que el hebreo.
La aplicación de la ley también es distinta según se aplique a árabes o judíos. Se imponen penas de prisión más duras y se les deniega salir bajo fianza.
Estas discriminaciones son aun más graves, en los beduinos del desierto de Negrev.

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